Conforme nos adentramos en la tercera década del siglo XXI, el mundo se complejiza e
interconecta cada vez más.

El exceso de contenidos e información, y la escasez de caminos conocidos para solu-
cionar los desafíos emergentes, impulsarán a los modelos existentes de Educación Su-
perior (en adelante, ES) hacia una acelerada y permanente transformación, a volverse

más flexibles e introducir métodos innovadores de aprendizaje y enseñanza, así como
a integrar nuevas formas de credencialización que respondan a la imperiosa necesidad
de fomentar un ecosistema más amplio de posibilidades.
Para crear escenarios futuros se identificaron señales (innovaciones capaces de alterar
el estatus quo) para proponer nuestros escenarios preferidos para el futuro. Algunas de
estas señales responden a cuestiones en trayectorias hacia las tendencias dominantes,
mientras que, otras se refieren a cuestiones más emergentes que pueden o no alcanzar
la madurez.

Al analizar las señales y tendencias, vemos una serie de elementos que tienen un “cami-
no de depreciación”, mientras que otros están en un “camino de apreciación”.

A partir de este análisis creamos una visión con vistas al 2050: La universidad estará
conformada por capas que integrarán todo el espectro de acceso, servicios, caminos,
experiencias, recursos, alianzas y tecnologías necesarios para expandir y aumentar su

alcance ante la diversidad de estudiantes que concuerdan con el propósito de cada ins-
titución. Los elementos críticos de diferenciación serán el propósito, filosofía y enfoque

propio que dará identidad a cada institución.